ANTES DE ACOMPAÑARTE, TUVE QUE ENCONTRAR MI PROPIA SALIDA

Las experiencias que transformaron mi forma de comprender el dolor, las heridas del Alma y aquello que puede devolvernos a la vida.

Mi historia no comenzó hace 20 años cuando decidí dedicarme a acompañar a otras personas. Comenzó mucho antes.

Comenzó con heridas que ni siguiera elegí. Con una historia que , desde mi propia vivencia y manera de comprenderla, siento que se remonta incluso al momento de mi concepción.  Después llegaron otras formas de dolor.

La violencia de género, la manipulación, la desvalorización, la invalidación, la humillación, la traición, el engaño, el abuso, las enfermedades y las pérdidas fueron llevándome, poco a poco, hacia un lugar en el que dejé de reconocerme.

Conocí lo que significa permanecer demasiado tiempo dentro de tu propio infierno.

También aprendí algo que hoy considero fundamental: no todo acompañamiento te ayuda a salir de él. Hay momentos en los que necesitas mucho más que solo palabrasNecesitas que alguien sea capaz de comprender la profundidad de lo que estás viviendo y te ayude a encontrar la herramienta adecuada para ti.

Durante años busqué respuestas. Una búsqueda que me obligó a mirar mucho más allá de lo visible y superficial. Necesitaba comprender . . .

  • Por qué podemos llegar a soportar aquello que nos destruye. 
  • Por qué repetimos patrones y volvemos a encontrarnos en situaciones que, aunque cambien de forma o de persona, terminan haciéndonos sentir de la misma manera. 
  • Por qué permanecemos en relaciones, vínculos o circunstancias que sabemos que nos hacen daño y, aun así, sentimos que no podemos salir de ellas.
  • Por qué llega un momento en el que dejamos de confiar en nuestra propia percepción, dudamos de lo que sentimos e incluso de aquello que sabemos que estamos viviendo. 

Y, sobre todo, necesitaba encontrar una manera de perdonar lo que para mí parecía imperdonable, sin justificarlo y sin negar el daño que había existido.  

Ese día no descubrí el poder de la oscuridad. Descubrí sus límites.

Porque incluso cuando crees haber llegado al lugar más oscuro y profundo, puede existir una salida. 

Yo también necesité una mano que me ayudara a encontrar la mía. Y haber conocido ese lugar cambió para siempre mi manera de acompañar.  

Por eso no quiero observarte desde el borde del pozo y decirte cómo deberías salir de él. Quiero entrar contigo hasta donde necesites llegar, comprender dónde estás, ayudarte a mirar qué te llevó hasta allí y encontrar contigo las herramientas que puedan ayudarte a salir. 

Yo tuve que encontrar mi camino de vuelta. Y todo lo que viví, comprendí y aprendí durante este recorrido forma parte hoy de las herramientas con las que puedo acompañarte a encontrar el tuyo.