Constelación Familiar Exorcística
Hay historias que no comenzaron contigo. Pero pueden encontrar en ti un punto de transformación.

• Hay momentos en los que miras tu vida y te preguntas por qué.
- ¿Por qué, después de intentarlo tantas veces, vuelves a encontrarte en el mismo lugar?
- ¿Por qué el dinero llega y desaparece, las relaciones terminan reproduciendo heridas parecidas o, cuando parece que por fin vas a avanzar, algo vuelve a detenerte?
Quizá has hecho cambios, has tomado decisiones diferentes y has trabajado en ti. Pero, aun así, hay situaciones que regresan con otro rostro y vuelven a tocar exactamente el mismo punto.
A veces es una dificultad económica que parece no terminar nunca. Otras, una historia de pareja que cambia de persona, pero no de herida. Puede ser un conflicto familiar que atraviesa generaciones, una pérdida que dejó una marca profunda, un miedo que cuesta explicar o simplemente esa sensación de estar cargando con algo que no sabes nombrar.
Y llega un momento en el que aparece una pregunta:
- ¿Y si esta historia no hubiera empezado conmigo?
• Ahí comienza la verdadera mirada hacia el árbol familiar.

Antes de ti estuvieron tus padres y antes de ellos, tus abuelos. Y mucho antes, bisabuelos, tatarabuelos y generaciones enteras de hombres y mujeres que también amaron, perdieron, lucharon, prosperaron, fueron traicionados, tomaron decisiones, sufrieron injusticias y atravesaron acontecimientos que cambiaron el rumbo de sus vidas y de sus familias.
Algunas de esas historias dejaron fortalezas y bendiciones, pero muchas otras dejaron heridas y maldiciones.
Y, dentro de la mirada espiritual con la que acompaño, algunas de esas heridas pueden ser interpretadas como cargas o maldiciones ancestrales vinculadas al árbol familiar.
• La Constelación Familiar Exorcística nace precisamente de mirar allí donde normalmente no miramos. No se queda únicamente en aquello que te está ocurriendo hoy, sino que recorre simbólicamente la historia del árbol para preguntarse dónde comenzó, qué sucedió y qué pudo quedar pendiente de generación en generación.
No se trata de culpar a quienes estuvieron antes que nosotros, sino que se trata de comprender, perdonar y honrar a aquello que vivieron.
Y también de mirar con respeto aquello que ocurrió, reconocer lo que pertenece a cada historia y trabajar espiritualmente sobre aquello que sentimos que ya no debe continuar en nosotros. Porque cuando miramos hacia nuestros ancestros también estamos mirando hacia nuestros descendientes.
Miramos hacia atrás para comprender qué historia ha llegado hasta nosotros, que debemos trabajar en el presente para transformarla y poder mirar hacia delante para decidir qué historia queremos dejar a quienes vienen después.
- LAS RAÍCES DE NUESTRA HISTORIA
El árbol no empieza en ti
Tu historia comenzó mucho antes de que tú llegaras.
Antes estuvieron tus padres, tus abuelos, tus bisabuelos, tus tatarabuelos y alrededor de cada uno de ellos se fueron abriendo las ramas de una familia formada por personas que amaron, perdieron, lucharon, prosperaron, callaron, sobrevivieron y tomaron decisiones que, de una manera u otra, fueron dando forma a la historia que finalmente llegó hasta ti.
Algunas de esas historias las conocemos porque todavía se cuentan. Sabemos quién sufrió una pérdida, quién tuvo que empezar de nuevo, quién se marchó, quién sostuvo a la familia, quién vivió una injusticia o tomó una decisión que cambió el rumbo de los que vinieron después.
De otras solo han quedado pequeños rastros de una historia que ya nadie sabe contar completa. Quizá conservamos una fotografía sin saber quién aparece en ella, recordamos un nombre sin conocer apenas la vida que hubo detrás, una frase escuchada hace muchos años que nos habla de algo que nunca terminó de explicarse o sabemos que existe un secreto porque, precisamente, cada vez que alguien se acercaba a él aparecía el silencio.
Y alrededor de nuestros antepasados también hubo personas que no pertenecían a nuestro linaje de sangre, pero que entraron en sus vidas y quedaron vinculadas a la historia del árbol por aquello que sucedió entre ellos.
Porque una vida también puede cambiar por alguien que apareció en el camino, por quien tendió una mano cuando todo parecía perdido, ofreció una oportunidad o protegió a la familia en un momento difícil. Pero también por quien traicionó una confianza, cometió una injusticia, provocó una pérdida o dejó detrás un daño cuyas consecuencias fueron mucho más lejos de aquel primer acontecimiento.
Aquellas personas no se convierten por ello en nuestros ancestros. Pero lo que ocurrió con ellas sí puede formar parte de la historia de nuestro árbol familiar.
Y cuando empezamos a mirar esa historia en toda su profundidad descubrimos que no hemos llegado hasta aquí únicamente a través de las heridas.
También hubo personas que sostuvieron la vida, decisiones que cambiaron un destino, ayudas que llegaron cuando fueron necesarias y momentos que permitieron a una familia levantarse y continuar. Dentro de esta mirada espiritual, también hablamos de bendiciones.
Porque del árbol no solo pueden llegar cargas. También recibimos aquello que protegió, fortaleció y sostuvo a quienes estuvieron antes que nosotros.
Por eso no miramos hacia nuestros ancestros buscando únicamente qué pudo quedar pendiente, qué dolió o qué necesita ser liberado.
Miramos la historia entera.
Lo que sostuvo al árbol y lo que lo hirió. También lo que queremos honrar y conservar, y aquello cuya historia necesitamos comprender.
Porque solo entonces podemos empezar a preguntarnos:
¿Qué ha llegado hasta mí de quienes estuvieron antes?
Cuando una historia continúa
Aquello que llegó hasta nosotros comenzó muchas generaciones atrás, pero no necesariamente de la misma forma en la que hoy lo reconocemos, porque una historia puede cambiar mientras recorre el árbol.
Lo que ocurrió en una generación dejó unas consecuencias. Esas consecuencias formaron parte de la vida de la siguiente y, con el paso de los años, pudieron dar lugar a otras nuevas.
Así, aquello que comenzó de una manera puede llegar hasta nosotros con un rostro completamente distinto.
Por eso, cuando miramos nuestro árbol, no buscamos encontrar a un antepasado que haya vivido exactamente lo mismo que nosotros.
Buscamos el hilo que une una historia con la siguiente.
Una pérdida, una traición, una ruina, una separación, una injusticia, una guerra, un abandono, una promesa que quedó pendiente o una decisión tomada en circunstancias difíciles que pueden cambiar el rumbo de una persona. Y cuando cambia su vida, también pueden cambiar muchas de las decisiones, relaciones y circunstancias que vienen después.
Lo que comenzó como una pérdida puede convertirse después en miedo a perder.
Una generación que vivió la escasez puede relacionarse de otra manera con el dinero, con aquello que posee o con la posibilidad de conservarlo.
Una separación puede modificar la forma de vincularse de quienes crecieron alrededor de ella.
Y una historia que tuvo que mantenerse en secreto puede dejar preguntas, ausencias, secretos o silencios que las generaciones siguientes ya no saben explicar.
Una consecuencia puede dar lugar a otra, y esa, a su vez, adquirir una forma diferente.
Nos preguntamos qué ocurrió, qué cambió después de aquello y qué consecuencias aparecieron en la siguiente generación.
Y continuamos observando cómo esa historia fue transformándose a medida que avanzaba por el árbol hasta llegar a la forma en la que hoy podemos reconocerla.
Dentro de este recorrido prestamos una atención especial al vínculo de abuelas/os a nietas/os, pero eso no significa que la historia haya comenzado necesariamente en los abuelas/os, porque nuestros abuelos también fueron hijos. También tuvieron padres, abuelos y bisabuelos y también recibieron una historia que ya venía de antes.
A veces aquello que encontramos en ellos es solamente un eslabón que nos conduce hacia una generación anterior. Otras veces necesitamos abrir otra rama del árbol porque el origen no se encuentra exactamente donde esperábamos encontrarlo.
Por eso no nos detenemos en una generación determinada ni buscamos señalar a un antepasado como responsable o culpable de aquello que vivimos.
La forma puede haber cambiado muchas veces durante el camino.
Pero las consecuencias de aquella herida pueden haber seguido atravesando el árbol hasta llegar a nosotros.
- CUANDO EL ÁRBOL HABLA EN NUESTRA VIDA
¿Hay algo que necesita ser visto?
A veces llevamos tanto tiempo conviviendo con determinadas dificultades que terminamos creyendo que simplemente forman parte de nuestra vida.
Relaciones que vuelven a dejarnos heridas parecidas, una economía que nunca termina de darnos la estabilidad que buscamos, la dificultad para conservar aquello que tanto nos ha costado conseguir, proyectos que comienzan con fuerza pero no consiguen sostenerse o conflictos familiares que, aunque pasen los años, continúan condicionando nuestra vida.
Y seguimos intentándolo, porque naturalmente queremos que las cosas sean diferentes.
Cambiamos de pareja, de trabajo, de proyecto o de camino. Tomamos otras decisiones, intentamos no cometer los mismos errores y hacemos todo lo que está en nuestra mano para construir una realidad distinta.
Sin embargo, puede llegar un momento en el que nos demos cuenta de que hay dificultades que parecen repetirse aunque hayan cambiado las personas, las circunstancias e incluso nuestras propias decisiones. No estamos viviendo exactamente la misma historia, pero sí podemos reconocer determinadas consecuencias.
Como por ejemplo, otra relación que termina de una manera parecida, una nueva pérdida cuando empezábamos a sentirnos seguros, un proyecto que tampoco consigue prosperar o un conflicto que creíamos superado y vuelve a tener consecuencias en nuestro presente.
Y entonces la pregunta empieza a cambiar. Ya no se trata solamente de preguntarnos por qué nos ocurre, sino de llevar la mirada hacia el lugar que estamos trabajando desde el principio:
¿Qué ocurrió en mi árbol familiar para que esta historia haya llegado hasta mí?
Porque aquello que hoy vivimos como una dificultad económica puede conducirnos hacia una antigua pérdida, una ruina, un despojo, una guerra o una generación que conoció el hambre y aprendió que conservar era imposible.
Aquello que vivimos en nuestras relaciones puede llevarnos hacia una ausencia, una separación, un abandono, una renuncia o un amor que no pudo vivirse. Y detrás de otras dificultades podemos encontrar una muerte temprana, una exclusión, una injusticia, una promesa, un juramento, un voto, un contrato, un pacto o un compromiso cuya verdadera historia desconocemos.
Nuestros antepasados vivieron en tiempos distintos a los nuestros y tomaron decisiones atravesados por las circunstancias de su época, por la necesidad, el miedo, la religión, la escasez, la supervivencia o el amor. Muchas veces solo conocemos una pequeña parte de lo que realmente ocurrió y, por eso, no buscamos encontrar en ellos una copia exacta de nuestra propia vida.
Buscamos la historia que hay detrás de nuestra historia: qué ocurrió, qué cambió después, qué consecuencias dejó y cómo pudieron ir transformándose hasta llegar a nosotros.
Dentro de la mirada espiritual de la Constelación Familiar Exorcística también podemos encontrarnos con historias vinculadas a pactos, votos, juramentos, promesas, contratos, ataduras o maldiciones que necesitan ser reconocidas dentro de su propia historia antes de trabajar sobre ellas.
No buscamos una maldición detrás de cada dificultad ni miramos el árbol para alimentar el miedo. Miramos para comprender qué necesita ser visto.
Cuando el cuerpo también forma parte de nuestra historia
Hay momentos en los que aquello que nos lleva a mirar nuestro árbol no aparece únicamente en las relaciones que no conseguimos sostener, en una economía que parece no encontrar estabilidad o en determinados caminos de nuestra vida que sentimos bloqueados.
A veces la pregunta nace en un lugar mucho más íntimo: nuestro propio cuerpo.
Puede aparecer a través de un síntoma que persiste, de una somatización, de problemas de piel, asma, alergias, diabetes, dificultades relacionadas con la sexualidad o la impotencia, problemas reproductivos, una pérdida gestacional, una interrupción voluntaria del embarazo o mientras estamos atravesando una enfermedad como el cáncer.
Cada una de estas realidades necesita ser comprendida y atendida desde su dimensión médica. Pero cuando una persona siente que, además de cuidar su cuerpo, necesita mirar hacia su historia, la constelación puede abrir una pregunta diferente:
¿Hay algo en mi árbol familiar que necesite ser mirado alrededor de lo que estoy viviendo?
En una familia pueden existir pérdidas que nunca encontraron palabras, embarazos que se ocultaron, hijos que murieron demasiado pronto, enfermedades de las que apenas se habló, sexualidades vividas desde la culpa, la vergüenza o el miedo y acontecimientos tan dolorosos que quienes los vivieron encontraron en el silencio la única manera posible de continuar.
A veces sabemos lo que ocurrió, pero en otras ocasiones solo sabemos que hubo algo de lo que no se hablaba, una historia contada a medias o una persona cuyo nombre hacía que la conversación cambiara de repente.
Quizá nunca lleguemos a conocer toda la verdad de las historias que esconden secretos de nuestro árbol, porque muchos de nuestros antepasados guardaron aquello que vivieron como pudieron y, en ocasiones, callar también fue una manera de sobrevivir.
Y es precisamente ahí donde la mirada hacia el árbol puede abrir un espacio diferente. No para completar con suposiciones aquello que desconocemos, sino para acercarnos con respeto a las historias que sí dejaron una huella y preguntarnos qué lugar han ocupado dentro de la familia. Porque aquello que no pudo hablarse también formó parte de la vida de quienes estuvieron antes y, muchas veces, comprender su silencio es también una manera de comprender su historia.
Pero cuando el cuerpo forma parte de aquello que estamos constelando, no buscamos convertir una enfermedad o un síntoma en la prueba de que existe un secreto familiar. Nos adentramos a las profundidades de la historia para reconocer aquello que sí aparece y poner voz a lo que durante tanto tiempo permaneció silenciado.
Una constelación no determina la causa médica de una enfermedad, no sustituye un diagnóstico ni un tratamiento y no reemplaza el acompañamiento de los profesionales sanitarios.
Pero la mirada espiritual abre un espacio diferente.
El de poder reconocer una pérdida, una ausencia, una historia o un secreto oculto en el árbol familiar y devolverle el lugar que durante tanto tiempo quizá no pudo tener.
Porque, dentro de esta mirada espiritual, dar voz a lo que fue silenciado, reconocerlo y devolverle su lugar puede formar parte de un proceso de liberación y sanación de aquello que esa historia representa en nosotros.
- LA LIBERACIÓN Y EL SENTIDO FINAL
¿Y por qué Exorcística?
Porque llega un momento en el que comprender la historia del árbol no es suficiente.
Hasta aquí hemos mirado hacia quienes estuvieron antes, hemos recorrido generaciones y ramificaciones, nos hemos acercado a historias conocidas y también a otras de las que apenas quedaron rastros. Hemos intentado comprender qué ocurrió y cómo sus consecuencias pudieron ir cambiando hasta llegar a nuestra propia vida.
Pero la Constelación Familiar Exorcística incorpora una mirada que va más allá de reconocer la historia: entra también en su dimensión espiritual más profunda.
Dentro de este trabajo observamos el linaje familiar, pero también abrimos la mirada hacia los ancestros y hacia esas ramas más lejanas del árbol cuya historia muchas veces desconocemos. Porque no todo aquello que pertenece a nuestra sangre forma parte de la historia familiar que conocemos o podemos reconstruir con facilidad.
Y cuando entramos en esa profundidad pueden aparecer historias relacionadas con promesas, votos, juramentos, pactos, compromisos religiosos o espirituales, ataduras y aquello que, dentro de este marco, interpretamos como bendiciones o maldiciones vinculadas al árbol.
No buscamos únicamente aquello que necesita ser liberado.
En nuestro árbol también hubo personas que protegieron, sostuvieron, bendijeron y permitieron que la vida continuara hasta llegar a nosotros. Reconocer esa fuerza forma parte del mismo trabajo.
Pero cuando aquello que encontramos lo interpretamos como una carga o una maldición ancestral, la constelación no termina al descubrir de dónde procede.
Ahí entra lo exorcístico.
No hablamos de exorcizar a la persona ni de afirmar que exista algo maligno dentro de ella. Lo exorcístico está en el trabajo espiritual de liberación: reconocer la carga, trabajar sobre el vínculo que sentimos que la mantiene unida al árbol y buscar interrumpir su continuidad.
Y liberar no significa rechazar a nuestros ancestros ni romper con nuestro árbol.
Debemos honrar a quienes estuvieron antes, reconocer el lugar que ocupan en nuestra historia y agradecer aquello que permitió que la vida llegara hasta nosotros, sin sentirnos obligados a continuar cargando con todo aquello que también pudo viajar con ella.
Porque hay cosas del árbol que queremos conservar pero hay muchas otras que deben ser devueltas para devolverle la originalidad al árbol familiar, otras que, después de ser reconocidas, sentimos que ha llegado el momento de dejar ir, para poder eliminar la legalidad del diablo que se sentó en el secreto oculto del árbol familiar.
Por ti y por tus descendientes
Cuando comenzamos a mirar nuestro árbol, casi siempre lo hacemos desde aquello que nos está ocurriendo a nosotros. Queremos comprender una dificultad, una historia que parece repetirse, una herida, un bloqueo o algo que sentimos que lleva demasiado tiempo acompañándonos.
Y para comprenderlo debemos mirar hacia atrás.
Detrás de nosotros aparecen nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros bisabuelos, nuestros tatarabuelos y todas aquellas ramas que hicieron posible que hoy ocupemos nuestro lugar en el árbol.
Pero llega un momento en el que también podemos mirar en la otra dirección. Porque nosotros no somos solamente descendientes de quienes estuvieron antes. También podemos ser ancestros de quienes vendrán después.
Nuestros hijos, nuestros nietos y las generaciones que todavía no han nacido también formarán parte de este árbol. Y entonces la pregunta adquiere otro sentido.
Ya no se trata únicamente de preguntarnos qué hemos recibido, qué historia llegó hasta nosotros o qué sentimos que estamos cargando.
También podemos preguntarnos:
¿Qué quiero que continúe después de mí y qué quiero que termine conmigo?
Queremos que continúe aquello que sostuvo al árbol, el amor que protegió, la fuerza que permitió levantarse después de una pérdida, las decisiones que abrieron caminos, las bendiciones y todo aquello que hizo posible que la vida siguiera avanzando de generación en generación.
Pero aquello que reconocemos como una carga no tenemos por qué desearlo para quienes vienen después, generando la continuidad de la maldición en el árbol.
Dentro de esta mirada espiritual, ahí se encuentra también el sentido profundo de la liberación: trabajar en nuestro presente sobre aquello que sentimos que llegó hasta nosotros para que no necesite continuar buscando otra generación en la que expresarse.
No podemos cambiar lo que ocurrió antes de nuestro nacimiento, ni evitar las decisiones que tomaron en circunstancias que muchas veces nunca llegaremos a conocer por completo. Pero sí podemos mirar su historia con respeto, honrarlo y reconocer qué lugar ocupa en nosotros para decidir qué queremos hacer con aquello que hemos recibido.
Porque entre quienes estuvieron antes y quienes vendrán después estamos nosotros.
Y quizá ese sea uno de los sentidos más profundos de constelar:
mirar hacia atrás para comprender, trabajar en nuestro presente para liberar y mirar hacia delante para elegir qué queremos dejar a nuestros descendientes.
Para llevar contigo
• Ten presente que tu historia no comienza únicamente contigo. Forma parte de un árbol mucho más grande de lo que alcanzas a ver.
• La historia puede cambiar de forma, de generación y de rostro. Por eso no busco únicamente qué se repite, sino que busco el hilo conductor que lo une.
• Hay personas que forman parte de nuestro linaje de sangre y otras que, sin pertenecer a ella, dejaron una huella en la historia del árbol.
• No busco únicamente aquello que hoy te bloquea. Busco comprender qué historia puede haber detrás y hasta dónde necesitas retroceder para encontrar su origen.
• No se trata de imponer una respuesta al árbol. Es crear un espacio para escuchar qué parte de tu historia necesita ser mirada desde otra perspectiva y una nueva visión.
• No consiste en romper lazos y conexiones con el árbol. Se trata de trabajar el árbol para soltar, comprender, sanar, liberar y honrar todo aquello que sentirás que ya no debe continuar dentro de él y devolver el árbol a su orden original.
• Mirar hacia atrás no significa vivir en el pasado. A veces significa comprenderlo lo suficiente para poder caminar hacia delante de otra manera.


